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De espacios inertes a espacios verdes

De espacios inertes a espacios verdes

De espacios inertes a espacios verdes

High Line Park (Nueva York).
Wikimedia Commons / Dansnguyen

Julián Briz Escribano, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Isabel de Felipe Boente, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y Teresa Briz, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

En el campo urbanístico ocupan un lugar destacado los grandes proyectos que movilizan inversiones. Sus diseños e innovaciones, en un medio o largo plazo, transforman nuestra vida siguiendo unos parámetros de supuesto bienestar.

Ciudades como Madrid (Madrid Nuevo Norte, Madrid Río, Bosque Metropolitano, Renazca), Barcelona (reestructuración olímpica, Plan Natura 2030) y Valencia (cauce antiguo del Turia) experimentan grandes cambios. Simultáneamente hay recursos marginados que pueden salir a la luz con presupuestos más limitados, a plazos más cortos y con participación ciudadana, como es el caso del suelo y edificaciones urbanas.

La necesidad de un espacio abierto naturado en proximidad (balcones, terrazas, fachadas) se ha puesto de manifiesto durante el confinamiento debido a la actual pandemia. Se ha estimulado la demanda, especialmente, en edificios ya existentes.

Como respuesta, tanto los legisladores como los planificadores urbanos están planteando considerar que estas superficies no computen como edificabilidad de la vivienda, eximiéndolas de la tasa de bienes inmuebles. Esto sería un estímulo para nuevas construcciones o para la reconversión de las existentes.

No obstante, esta medida no es suficiente, pues no se presta atención al uso que se le debería dar. De hecho, en muchas ciudades los balcones y cubiertas se encuentran sin naturar por parte de sus habitantes, lo que debe estimularse a través de las oportunas campañas de apoyo.

Infraestructuras verdes urbanas olvidadas

La sociedad urbana no reconoce adecuadamente los beneficios que percibe de las infraestructuras verdes. Entre ellos podemos mencionar los siguientes:

  • Multifunciones. Por ejemplo: valor paisajístico; base de alimentos en los huertos; centros de encuentro y ocio; instrumentos descontaminadores de gases, polvo y calor; fuentes de salud física y mental; fomento de la biodiversidad y amortiguadores del cambio climático.
  • Aprovechamiento de espacios marginados a costes asumibles. Es el caso de las cubiertas y paredes verdes. Hay millones de metros cuadrados que pueden reutilizarse con jardines, huertos o invernaderos según su ubicación y la preferencia de los vecinos.
  • En las zonas urbanas más densas no queda espacio disponible en el suelo, y la naturación en altura es la única alternativa. En el caso de Madrid, estudios realizados en el barrio de Salamanca estiman que unos 475 mil metros cuadrados son susceptibles de naturación, a través de invernaderos, huertos y jardines al aire libre o dejando poblar a la naturaleza libremente con flora y fauna nativas, como suelen hacer ciudades como Londres, impulsando la biodiversidad.

La actitud del vecindario es manifiestamente favorable a la creación de espacios naturados en su entorno. Están dispuestos a apoyarlos económicamente en su instalación y mantenimiento, según análisis preliminares en distritos de Madrid como Salamanca, Argüelles, Chueca y Prosperidad.

Terrazas con invernaderos descontaminantes

Comentaba el premio Nobel Camilo José Cela en el artículo Jardines en el tejado (ABC, 1995) que “un inventor con tiempo para la fantasía ha tenido la idea de convertir tejados en jardines, siendo una inquietud tan saludable como oportuna”.

La fantasía que comentaba Cela se ve acompañada de realidades, poco reconocidas por los urbanitas, entre las que podemos señalar:

  • Las azoteas son uno de los recursos dormidos que podemos despertar en nuestro país, al igual que se viene haciendo en otras ciudades del mundo, sustituyendo los bosques de antenas y tendederos por espacios verdes de huertos y jardines.
  • Un plus añadido lo constituyen los invernaderos que purifican el aire de las chimeneas de calefacciones de viviendas y oficinas, así como actividades industriales. Se trata de reconducir los gases expulsados a invernaderos, donde el calor, el CO₂, NO₂ y el polvo en suspensión pueden ser reciclados utilizándolos en el cultivo de plantas.
  • Madrid y Barcelona son dos de las ciudades europeas más contaminadas por partículas en suspensión PM₂,₅ y NO₂ y con mayor mortalidad. El NO₂ necesita una reconversión especial mediante urea cristalina, comercializada ya como AdBlue para los vehículos, especialmente camiones, habida cuenta que son una de las fuentes contaminantes más significativas en las ciudades.
  • Las superficies naturadas en las cubiertas enfrían el aire que las rodea. Al deslizarse este desde las alturas por su mayor densidad, desplaza el aire contaminado de las calles, que se eleva y puede ser renovado mediante movimientos circulares.

Justicia social y naturación urbana

La recuperación de un área degradada, con una buena ubicación y habitada por grupos marginales, puede provocar un efecto de gentrificación. Puede atraer a ciudadanos más ricos que expulsan a los moradores tradicionales más pobres, enfrentados a una elevación de los precios de sus productos habituales o escasez de estos, así como de los servicios utilizados habitualmente. Con ello se alejan de sus puestos de trabajo y se rompe el entorno sociocultural de la comunidad en la que se encontraban.

La mayoría de las grandes ciudades con programas dinámicos urbanísticos se encuentran con ese marco operativo. Así, la ciudad de Nueva York muestra varias experiencias en dicho contexto. El corredor verde High Line, que aprovechó las infraestructuras de los pasos elevados en las calles para construir áreas verdes y jardines, ha tenido un gran éxito económico, atrayendo a turistas y negocios.

Madrid Río.
Shutterstock / Jose Luis Vega

Otro proyecto exitoso ha sido Madrid Río. Esta iniciativa ha supuesto una mejora en la ribera del Manzanares. Se ha soterrado el tráfico con túneles, cubriéndolos con parques y áreas de recreo, con árboles y zonas verdes. Además, se ha recuperado el propio río, con su función natural y aumentando la biodiversidad. Es de interés analizar la evolución del vecindario, la revalorización de edificios, el perfil demográfico y los cambios producidos, habida cuenta el esfuerzo financiero realizado.

La celebración de eventos como las Olimpiadas ha sido un factor determinante para reestructurar ciudades como Pekín o Barcelona. Así, se han transformando zonas marginales o abandonadas, pero con un valor de situación geográfica, con el apoyo de inversiones públicas que, en definitiva, benefician a grupos determinados.

El parque de la Nueva Icaria, en la Villa Olímpica de Barcelona.
Canaan / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Caso especial para mencionar es el casco de La Habana Vieja. En conversación personal con el ya fallecido Eusebio Leal, historiador de La Habana, nos comentaba que se ha producido un fenómeno de recuperación, involucrando al propio vecindario, manteniendo los valores arquitectónicos y culturales tradicionales. Una de las preocupaciones ha sido evitar la gentrificación, fijando a la población habitual y facilitando actividades como el mercado de artesanía.

En conclusión, se puede decir que las soluciones basadas en la naturaleza aplicadas a los problemas urbanos deben encontrar un equilibrio entre la mejora del entorno medioambiental y la concordia económica y saludable del tejido social en que se ubican.The Conversation

Julián Briz Escribano, Catedrático emérito, Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Isabel de Felipe Boente, Profesora jubilada de Economía y Desarrollo, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y Teresa Briz, Profesora Contratada Doctora. Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Vigilar el estrés, tan de moda en estos tiempos que corren

Vigilar el estrés, tan de moda en estos tiempos que corren

Sin duda está desgraciadamente, demasiado de moda en estos tiempos en que vivimos. Vigilar el estrés es más importante de lo que crees

Muchos de cine en el estrés como una respuesta que tenemos todos los seres vivos ante un peligro que puede puede ser o inminente, o a largo plazo. En realidad, es una forma de prepararnos ante algo desconocido que nos puede suceder. Por lo menos eso es lo que corre por nuestra mente.

Vigilar el estrés en la sociedad urbanita del siglo XXI

En realidad es una de las preocupaciones de los organismos de la salud en nuestro tiempo. La sociedad industrializada en la que vivimos nos ha traído un exceso de trabajo y diferentes problemas sociales, familiares y económicos.

Y estas nuevas preocupaciones, inexistente hace apenas unas décadas, son una de las principales causas del desarrollo del estrés y de los estragos que causa en las personas en la sociedad.

Antiguamente el estrés era un término que no existía. Puesto que el contacto con la naturaleza Y una vida sin tantos estímulos externos facilitaba la tranquilidad. Es cierto, que en ocasiones de peligro, una alarma nos avisada de tomar medidas y estar atentos. Sencillamente nos decía que cuando hay una situación de riesgo el cuerpo se prepara de forma natural para dar una respuesta.

Vigilar el estrés, tan de moda en estos tiempos que corren
Vigilar el estrés, tan de moda en estos tiempos que corren

Muchos confunden esta actitud de defensa natural con el estrés. Pero la calidad no tiene nada que ver con lo que queremos decir cuándo hablamos de estrés en nuestros días. En este caso es una reacción natural de defensa que puede durar un tiempo determinado, generalmente corto. El estrés que vivimos sumergidos en esta sociedad se ha establecido con lo mal crónico, y en muchos casos, puede llegar a durar toda la vida

Y seguramente, además del problema de la velocidad y el ritmo de vida que llevamos, el problema en este es en nuestros días es que nos hemos acostumbrado a vivir con él y lo aceptamos con una forma de vivir natural. Y evidentemente no es así.

SPEB

 

 

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Fíjate en los árboles para saber si tu ciudad está contaminada

Fíjate en los árboles para saber si tu ciudad está contaminada

Es sencillo y al alcance de todos. Fíjate en los árboles para saber si tu ciudad está contaminada

¿Está contaminada su ciudad? Pregúntele a los árboles

 

Si vive en una zona urbana o próxima a la ciudad, puede que esté bajo los efectos de la contaminación urbana y que no sea consciente de ello.

En las áreas urbanas, las actividades industriales y, sobre todo, el transporte emiten a la atmósfera partículas que, entre otros contaminantes, incluyen metales pesados. Alguno de ellos neurotóxicos, como el cadmio, el mercurio o el plomo.

Estas partículas minúsculas (también conocidas como PM₂.₅) pueden inhalarse con relativa facilidad, ingresando así los metales en el torrente sanguíneo. Existe relación entre la contaminación urbana y algunas enfermedades, principalmente pulmonares y cardiacas. La mala calidad del aire representa un gran riesgo ambiental para la salud: está relacionada con 1 de cada 9 muertes a nivel global.

La importancia de la (bio)monitorización

Debido a su impacto en la salud humana, es de gran importancia desarrollar protocolos de monitoreo rápidos y económicos que permitan detectar la presencia y concentración de los diversos contaminantes atmosféricos en áreas urbanas.

Actualmente, la monitorización de la calidad del aire se lleva a cabo, principalmente, por la información que brindan las estaciones de monitoreo. Sin embargo, el alto coste de dichas infraestructuras condiciona su distribución en las ciudades.

En este contexto, es necesario promover el uso de nuevas herramientas para monitorizar metales pesados y otros contaminantes. Entre ellas destaca el uso de plantas, un método conocido como biomonitorización.

Biomonitorizar la contaminación con árboles

El arbolado está ampliamente distribuido a lo largo de calles y parques de las ciudades. Además, sus hojas actúan como “trampas” perfectas para que se depositen las partículas y los metales suspendidos en el aire.

Dado su potencial, hicimos un estudio en distintas poblaciones del País Vasco muestreando hojas de un árbol muy común en cualquier ciudad: el tilo.

Nuestros resultados revelaron que la densidad de tráfico era un factor estrechamente relacionado con la presencia de hierro, aluminio, zinc, titanio, cromo, plomo, vanadio y cadmio en las partículas del aire urbano.

Además, analizando las hojas de los árboles situados en diferentes puntos de las ciudades, fuimos capaces de caracterizar la huella química derivada del impacto de las posibles fuentes de emisión de contaminantes (tráfico, actividad industrial etc.).

Covid-19: un giro inesperado

Estudios recientes llevados a cabo en 66 regiones de España, Francia e Italia y 3 000 localidades de Estados Unidos muestran una correlación entre la exposición de contaminantes ambientales (PM₂.₅ y NO₂) y la tasa de mortalidad de la covid-19.

Teniendo en cuenta las implicaciones derivadas de las diferentes restricciones en la movilidad acaecidas como consecuencia de la pandemia, estos trabajos constatan que es un escenario clave para determinar el impacto del tráfico de las ciudades sobre la calidad del aire.

Por ejemplo, varias investigaciones en diversas ciudades han demostrado una mejora general de la calidad del aire debida a los distintos confinamientos. Sin embargo, pocos han analizado su efecto sobre los metales pesados.

Cambios en la movilidad en España durante el confinamiento.
Our World in Data

Aprovechando la oportunidad

El confinamiento y la consiguiente disminución del tráfico urbano nos proporcionaron la oportunidad de estudiar de forma real y directa la contribución del tráfico a la contaminación atmosférica en la ciudad. Para ello, analizamos la deposición de contaminantes en las hojas de tilo durante el periodo de confinamiento y la progresiva reanudación del tráfico (de abril a octubre de 2020) en Pamplona y San Sebastián.

Observamos que la restricción del tráfico rodado fue el principal responsable del descenso en los contenidos de aluminio, cobre, hierro, manganeso, titanio y zinc, mejorando notablemente la calidad del aire. Comparando estos resultados con años previos y rastreando la composición de algunos elementos de los vehículos pudimos identificar distintos patrones.

Por ejemplo, la alta correlación entre zinc, hierro y cobre durante el año previo al confinamiento (pero no durante el mismo) nos permitió identificar su origen: el desgaste de frenos y neumáticos. De la misma forma, la menor resuspensión del polvo provocada por un menor tráfico se tradujo en un menor contenido de aluminio, hierro, titanio, manganeso y calcio en las hojas.

De manera resumida, el citado estudio ofrece evidencias directas que indican que la reducción del tráfico urbano contribuye sustancialmente a la reducción de la concentración de contaminantes (óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y metales pesados) en el aire de las ciudades.

Esta información puede ser usada por las distintas administraciones y la comunidad científica para implementar medidas encaminadas a reducir la contaminación urbana y mejorar así la calidad del aire y la salud pública.

Ciencia ciudadana

Durante las últimas décadas, la ciencia ciudadana ha fortalecido la colaboración entre la sociedad y la comunidad científica. Se consigue así aumentar la cultura científica y el conocimiento y sensibilización sobre problemas que nos son cercanos, como la contaminación urbana.

Esto podría promover un cambio en la actitud y comportamiento individual y colectivo para potenciar la movilidad sostenible, reducir el tráfico en las ciudades y consecuentemente la contaminación del aire que lleva aparejada.

En este sentido, la organización de talleres de ciencia ciudadana podría ser una herramienta clave en la concienciación de la sociedad sobre las implicaciones que tiene el uso del transporte privado sobre la calidad del aire que respiramos en las ciudades.The Conversation

David Soba Hidalgo, Investigador Postdoctoral. Agricultura Sostenible y Biomonitorización, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB – CSIC – Gobierno de Navarra); Angie Lorena Gamez Guzman, Investigador en Biotecnología , Universidad Pública de Navarra; Iker Aranjuelo Michelena, Científico titular. Área de especialización: Caracterización multidisciplinar encaminada al estudio de modelos agrícolas sostenibles, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB – CSIC – Gobierno de Navarra); José María Becerril Soto, Catedrático de Fisiología Vegetal, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Raquel Esteban, Profesora de Fisiología Vegetal, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

lucasinacio.com / Shutterstock

David Soba Hidalgo, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB – CSIC – Gobierno de Navarra); Angie Lorena Gamez Guzman, Universidad Pública de Navarra; Iker Aranjuelo Michelena, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB – CSIC – Gobierno de Navarra); José María Becerril Soto, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Raquel Esteban, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea11

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Maternidad en España

Maternidad en España: menos hijos de los deseados y a edades tardías

Maternidad en España: menos hijos de los deseados y a edades tardías

Shutterstock / Basilico Studio Stock

Anna Sanmartin Orti, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud

Sabemos que Europa tiene ante sí un desafío demográfico y que la Unión Europea analiza desde hace años qué políticas públicas poner en marcha capaces de afrontarlo.

El progresivo envejecimiento de la población, las migraciones, la despoblación rural, la caída de la fecundidad y el retraso de la maternidad o los procesos de conciliación son una parte nuclear del futuro de nuestras sociedades y del pilar europeo de derechos sociales.

¿Cómo podemos garantizar el bienestar social si no aseguramos el relevo generacional en sociedades cada vez más envejecidas? ¿Cómo facilitar y potenciar las aspiraciones y posibilidades vitales de quienes desean tener descendencia? Las transformaciones en los roles familiares y de género pesan sin duda en la diversificación de las formas de convivencia, la vida familiar o las aspiraciones reproductivas, y repercuten en la caída de la fecundidad, pero la maternidad y la paternidad siguen siendo hitos clave en la biografía vital.

De ahí que, en diciembre de 2018, desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud decidiéramos realizar una encuesta en busca de algunas claves para el caso español, centrando la mirada en la maternidad y consultando a 1 900 mujeres entre los 18 y los 35 años de todo el territorio nacional.

Percepción de la maternidad por mujeres jóvenes

¿Cómo perciben las mujeres jóvenes la maternidad? ¿Qué imágenes proyectan, qué priorizan y qué pesa más en su toma de decisiones? Maternidades juveniles indagaba sobre sus decisiones presentes y futuras alrededor de la maternidad y sobre el contexto familiar, social, económico y laboral que rodea la decisión de ser madre.

La evolución de los últimos años evidencia un aumento continuo de la edad media de maternidad, tanto a nivel nacional como europeo. En 2019, la edad media de maternidad en España era de 32,3 años frente a los 30,9 de media en la UE. Si atendemos al porcentaje de nacimientos ocurridos en madres entre los 18 y 35 años, edades que contempla nuestro estudio, observamos un progresivo descenso: entre 2004 y 2019, el porcentaje de nacimientos ocurridos en madres de estas edades en España pasó del 82,1 % al 66,5 %, y en el caso europeo, aunque la caída es menos acusada, también se aprecia esa misma tendencia y la cifra pasó del 85,3 % al 78,9 %.

El descenso es especialmente pronunciado en España y algunas de las razones las podemos encontrar en la dificultad del país para ofrecer una coyuntura sociolaboral favorable a sus jóvenes, unas condiciones que les permitan tener una proyección laboral y les aseguren la emancipación residencial.

Maternidades juveniles. Informe sintético de resultados. Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fad.
Maternidades juveniles. Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fad.

Desempleo y fecundidad

De hecho, es mucha la literatura que relaciona el desempleo, especialmente en mujeres, y la inseguridad económica con un fuerte impacto negativo sobre la fecundidad, así como el vínculo directo de tres obstáculos clave que dificultan el cumplimiento de los deseos sobre la fertilidad: el desempleo y la inestabilidad laboral; las deficientes políticas sobre conciliación y las medidas de “austeridad” y las desigualdades de género en las prácticas familiares y en ámbitos específicos del “Estado del bienestar”.

Entre los factores que las mujeres encuestadas apuntan de forma directa como condiciones importantes a la hora de tener hijos destacan, en primer lugar, la estabilidad laboral o financiera: tener un trabajo estable, contar con un lugar para vivir y tener solvencia económica; seguido por un segundo bloque de cuestiones que tienen que ver con el cuidado de hijos e hijas en compañía (con una pareja o con la red familiar) o bien conciliando con la vida laboral.

De hecho, si atendemos a las condiciones que tenían las mujeres en el momento de asumir la maternidad, el primer embarazo, la mayoría declaraba haberlo hecho contando con una estabilidad material y emocional: una situación laboral estable, en situación de convivencia en pareja y con emancipación residencial. Obviamente esto no es así para todas, y el estudio subraya también diferencias significativas, con una mayor tasa de actividad y estabilidad laboral, entre las mujeres de más edad, las de clase alta, residentes en grandes ciudades y con estudios medios o superiores.

Es decir que, en términos generales y claramente aspiracionales, se tiende a tener hijo/as cuando la situación económica y la estabilidad laboral lo permiten. Son madres, en promedio, las que, deseándolo, pueden permitírselo, quienes tienen unas condiciones de estabilidad que se consideran razonables. Algo, cuanto menos, poco usual en estos tiempos de incertidumbres y entre una juventud muy castigada por un mercado de trabajo precarizado y el difícil acceso a la vivienda.

El desfase entre querer y poder tener hijos

Las mujeres encuestadas, además, declaran en porcentajes elevados el deseo de tener libertad en la decisión de tener o no tener hijos o de aplazar la decisión a voluntad de la mujer. Y el 47 % considera que, gracias a los avances médicos, es posible retrasar la decisión de ser madre sin tener problemas. Respuestas que tienen mucho que ver con el desfase que existe entre el querer y el poder, entre el número de hijos/as deseados, que asciende a dos de media, y los que efectivamente se tienen.

Porque, además, sigue primando la idea de gratificación personal que rodea a la maternidad: alrededor del 60 % de las madres cree que la maternidad es una fuente principal de satisfacciones en la vida.

Así pues, asistimos a una coyuntura socioeconómica y laboral que se traduce en pautas y decisiones de planificación familiar que median directamente entre los deseos personales y los avatares vitales. Con una población juvenil que en España se emancipa, de media, a los 29,8 años y con un mercado laboral en que la tasa de desempleo juvenil en 2021 (29,2 %) duplicaba la media europea (13,3 %), y con la tasa de temporalidad más alta de toda la UE, en la práctica las mujeres jóvenes deciden esperar, postergar o paralizar su maternidad, pues no queda apenas espacio para la dedicación a los cuidados y las relaciones afectivas.The Conversation

Anna Sanmartin Orti, Socióloga, subdirectora del Centro Reina Sofía de la Fundación FAD Juventud, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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El futuro de la economía sostenible

El futuro de la economía sostenible

Oportunidades y riesgos de la transición hacia una economía más sostenible

Shutterstock / HollyHarry

Francisco del Olmo García, Universidad de Alcalá

El fracaso en la acción climática, los eventos climáticos extremos y la pérdida de biodiversidad son los tres riesgos más severos a escala global para los próximos diez años, según el informe 2022 sobre riesgos globales del World Economic Forum.

Además, el daño medioambiental de origen humano y las crisis de recursos naturales se encuentran en el séptimo y octavo lugar en este ranking.

Preocupación por el clima

La preocupación por el reto medioambiental y climático ya lleva décadas arraigada en la conciencia pública. Sin embargo, ha sido en los últimos años cuando se ha intensificado la información pública sobre el tema. Diversos factores clave han influido en ello:

  1. La firma del Acuerdo de París, de 2015, supuso un hito histórico pues, por primera vez, todos los países involucrados firmaron un acuerdo con un objetivo claro: limitar el incremento de la temperatura mundial por debajo de 2 º, en comparación con los niveles preindustriales, aunque con un espíritu de esfuerzo para que dicha limitación alcance los 1,5 º.
  2. La divulgación de los análisis elaborados por organismos como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) alcanza ahora, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, cotas inimaginables hace apenas unas décadas. Esto permite llevar la información y el debate climático a personas que de otra forma no habrían podido acceder a dicha información.

Un reto global

Existe una creciente presión de las partes interesadas para actuar en relación al reto climático. De estos grupos de interés, destacan los clientes –por la presión que ejercen–, la propia dirección empresarial, los empleados, los poderes públicos y reguladores, la sociedad civil y los inversores.

Si se diferencia por sectores, la presión de los consumidores es mayor en actividades relacionadas con turismo y viajes, bienes de consumo y automovilismo. Los inversores parecen poner más presión en empresas del sector energético, turismo y viajes, y transporte y logística. Finalmente, los poderes públicos y reguladores ejercen presión principalmente sobre las empresas de turismo y viajes, transporte y logística y automovilismo.

Todo ello provoca la puesta en marcha de medidas orientadas a afrontar el reto climático, que en su mayoría se orientan hacia objetivos propios y no a los marcados por el Acuerdo de París. Esto pone en evidencia que las empresas no tienen todavía una comprensión clara de los riesgos climáticos.

Desde el punto de vista de la ciudadanía, que ejerce una presión fundamental sobre las empresas, el caso de Europa es especialmente paradigmático en relación a la concienciación social sobre el reto climático. El 49 % de los europeos considera que el cambio climático es el principal reto mundial para el futuro de la propia UE. Asimismo, el 87 % opina que luchar contra el cambio climático puede contribuir a mejorar su propia salud y bienestar: así lo cree el 84 % de las personas mayores de 55 años y el 91 % de los jóvenes entre 15 y 24 años.

La encuesta europea también recoge la opinión sobre las medidas a tomar para alcanzar una economía más sostenible:

  • El 80 % considera importante que Europa se convierta en el primer continente en alcanzar la neutralidad climática en 2050, promoviendo para ello el crecimiento del mercado de vehículos de emisión cero y de baja emisión.
  • El 88 % opina que es importante aumentar la eficiencia energética mediante el incremento de la cuota de energías renovables en la estructura económica europea.

En este marco de concienciación social, las autoridades europeas consideran el reto climático como un pilar estratégico para la Unión. Así, se ha establecido el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050 y convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro.

Para conseguirlo se han diseñado diversas medidas, integradas en el Pacto Verde Europeo, orientadas a:

  • Incrementar la inversión en investigación y desarrollo.
  • Reducir las emisiones.
  • Preservar la riqueza del entorno natural europeo.

Dentro de este conjunto de medidas, la European Climate Law recoge las medidas legislativas que encaminan a Europa a alcanzar el objetivo de neutralidad climática, mientras que con el European Climate Pact se busca integrar al conjunto de la sociedad en la acción climática.

La meta es que en 2030, a medio camino del objetivo de neutralidad climática, se logre una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero de al menos un 55 % (2030 Climate Target) y que en 2050 Europa tenga una sociedad climáticamente resiliente (New EU Strategy on Climate Adaptation).

En este contexto, Europa cuenta con los fondos Next Generation EU, que suponen un instrumento de apoyo a la recuperación tras la crisis de la covid-19 y, a la vez, persiguen el desarrollo de un crecimiento sostenible que garantice una transición justa hacia una economía climáticamente neutra.

En camino hacia las bajas emisiones

Europa transita hacia una economía de bajas emisiones. Sin embargo, este papel no será suficiente si países como Estados Unidos o China, cuya capacidad industrial los convierte en actores principales de la transición, no se alinean con los objetivos de reducción de emisiones.

Por otra parte, esta alineación debe producirse tanto en términos políticos, de diálogo y negociación, como ocurre en las COP (conference of the parties o conferencia de partes), como desde la base de la sociedad. También los ciudadanos y las empresas tienen el deber de integrar y extender los valores de la sostenibilidad.

La transición hacia una economía baja en emisiones conlleva riesgos, pero también oportunidades para las empresas. Por una parte, deben afrontar:

  • Los riesgos derivados de la regulación, que sirve de aceleradora de la transición.
  • Los riesgos reputacionales para empresas que no completen la transición.
  • Los riesgos de supervivencia empresarial para las compañías que no sean capaces de adaptarse.

Por otra parte, la transición convierte riesgos en oportunidades para las empresas que saben adaptarse y aprovechar la eficiencia energética, la existencia de fuentes alternativas de recursos, los cambios en los hábitos de consumo para lanzar nuevos productos o servicios o el desarrollo de nuevos mercados.

Los riesgos de una transición no adecuada

La NGFS (Network for Greening the Financial System) es una referencia mundial en el desarrollo de escenarios climáticos para que supervisores y entidades financieras elaboren sus análisis.

Estos escenarios muestran algunas de las consecuencias de no hacer una transición adecuada:

  • Mayores riesgos de transición para las empresas (regulatorios, reputacionales y de supervivencia).
  • Mayores riesgos físicos (incremento e intensificación de eventos climáticos, cambios en el patrón de precipitaciones, aumento de la temperatura del planeta y del nivel del mar).

A nivel económico, estos riesgos implican un importante coste en términos de actividad y empleo que pueden provocar, en última instancia, el malestar generalizado y la pérdida de conciencia social ante el reto climático.

La inflación verde

En definitiva, la transición hacia una economía más sostenible y basada en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero conlleva retos y oportunidades que deben ser gestionados con visión de largo plazo.

La transición debe realizarse de forma ordenada y con visión estratégica. Con esto se evita provocar un fenómeno inflacionista (inflación verde, greenflation)
que podría poner en riesgo el crecimiento económico y el empleo en el corto plazo.

Finalmente, a pesar de que las regulaciones y los esfuerzos públicos pueden suponer una palanca de aceleración hacia esta transición, no deben sustituir al desarrollo de un sistema de valores de sostenibilidad que convierta a ciudadanos y empresas en los verdaderos protagonistas y artífices de la transición climática.The Conversation

Francisco del Olmo García, Profesor Asociado de Economía Aplicada e Investigador del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social (IAES) y de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.11